El desempleo de profesionistas ha sido uno de los temas más debatidos en la relación entre mercado laboral y educación. En México, sigue siendo una asignatura pendiente, especialmente después de la pandemia por la COVID-19, cuyo impacto socioeconómico afectó considerablemente la inserción laboral de los egresados. En un sentido estricto, el término maquila de profesionistas no está conceptualmente definido como tal; sin embargo, se utiliza para describir las dinámicas en las que las Instituciones de Educación Superior (IES) producen una gran cantidad de egresados, sin la garantía de que estos logren acceder a empleos bien calificados y de calidad, acorde a la formación recibida.
Esta analogía hace referencia al funcionamiento similar al de una maquiladora que produce en masa, una producción a gran escala. Sin embargo, en algunos casos, dicha no corresponde a las necesidades reales del mercado laboral, lo que genera altos niveles de desempleo o subempleo, con trabajos en condiciones precarias. A raíz de esta reflexión, surge la siguiente pregunta: ¿Las universidades en México están formando más profesionistas de los que demanda el mercado laboral?

Para comprender el panorama actual del desempleo entre los profesionistas en México, es fundamental revisar los datos más recientes. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2024), a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el primer trimestre de 2024 se reportó que únicamente 11.6 millones de profesionistas se encuentran ocupados en algún empleo o subempleo. De este total, el 46.8 % corresponde a mujeres y el 53.2 % a hombres. Además, solo el 77.1% de los profesionistas se desempeña en áreas afines a su formación profesional, con un ingreso mensual promedio de $15,139 pesos, lo cual evidencia una precarización en los salarios.
Las cifras del INEGI (2024) muestran que, entre los jóvenes de 20 a 24 años, únicamente el 5.1 % se encuentra ocupado, lo cual refleja las dificultades que enfrentan los recién egresados para ingresar al mercado laboral. Esta situación obedece a diversos factores económicos, así como al incremento de la especialización en sectores tecnológicos. En este sentido, el análisis realizado por el Observatorio Laboral (OLA, 2024) de la Secretaría del Trabajo, basado en la ENOE 2024, confirma que la demanda laboral se orienta hacia competencias de alto nivel, especialmente en áreas técnicas como la informática, la construcción y las ingenierías.
La relación existente entre la educación superior y el mercado laboral ha sido tema a debatir en torno a la formación profesional. Ante los constantes y acelerados cambios, las universidades enfrentan el gran reto de actualizar sus programas educativos para alinearlos con las demandas de la economía y del sector privado.
Esto ha llevado a que algunas universidades comiencen a modificar sus planes de estudio, incorporando nuevas tecnologías, competencias digitales y metodologías orientadas a la resolución de problemas. Empero, en algunos casos, estas actualizaciones no se realizan al mismo ritmo que la demanda del mercado laboral, lo que deriva en una brecha entre la formación académica y realidad del empleo.
Esta desconexión persiste incluso a pesar de los esfuerzos de las IES por actualizar sus programas, es especialmente evidente en áreas del conocimiento donde la formación teórica prevalece sobre la práctica. Como resultado, los egresados cuentan con conocimientos profundos, pero enfrentan dificultades para insertarse en el mercado laboral debido a la falta de experiencia práctica y a la carencia de ciertas habilidades que buscan los empleadores.
Algunos empleadores valoran más las habilidades blandas, como la comunicación afectiva, el liderazgo, el pensamiento crítico, la capacidad de adaptación y el trabajo en equipo, por encima del dominio técnico de una disciplina. En este contexto, las universidades han centrado sus esfuerzos en fortalecer estrategias que promuevan el aprendizaje basado en proyectos y la integración de materias de carácter interdisciplinario. Aunque se reconoce un avance significativo, aún queda un largo camino por recorrer para garantizar de un perfil de egreso integral y competitivo.
Otra de las principales problemáticas que enfrentan los egresados universitarios es a la sobresaturación de ciertas áreas del conocimiento en el mercado laboral. El reciente incremento de profesionistas en sectores específicos ha generado una competitividad intensa y, en ciertos casos, la precarización del empleo. Programas educativos como Administración de Empresas, Derecho y Contabilidad han experimentado un incremento en su matrícula; y estas tres carreras representan el 27 % del total de los profesionistas ocupados en México. Sin embargo, en programas como Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadística, Agronomía y Veterinaria, el mercado laboral no refleja la misma proporción de espacios para el empleo (INEGI, 2024). Esto ha provocado que los profesionistas enfrenten dificultades para encontrar empleo acorde a su formación inicial.
Además de lo mencionado, en la actualidad, la educación superior es vista como un negocio. Este fenómeno ha sido, principalmente, un mercado en expansión para las universidades privadas del país. El cuestionamiento radica en si estas instituciones están enfocadas en garantizar la calidad educativa y ampliar la cobertura que las universidades públicas no pueden atender, o si su objetivo principal es generar ganancias a través de la matrícula. Desde una visión analítica sobre la comercialización de la educación superior, esto podría interpretarse como una “fábrica de títulos universitarios”, donde se valora más la cantidad que la calidad.
Entre las alternativas para mitigar el desempleo de profesionistas se encuentran el rediseño de los programas educativos, alineándolos a las demandas actuales del mercado laboral, tales como las competencias tecnológicas, emprendedoras e innovadoras. A ello se suma el desarrollo de habilidades blandas como el trabajo en equipo, la organización y el liderazgo, las cuales son altamente demandadas por los empleadores (Contreras-Espinoza y Kuri-Alonso, 2024). Asimismo, es menester incrementar la vinculación entre la universidad y el sector productivo a través de las prácticas profesionales, bolsas de trabajo y programas de mentorías. Igualmente, diversificar la oferta educativa hacia una formación más técnica y vocacional parece ser una alternativa viable.
En conclusión, la problemática del desempleo de profesionistas en México es asunto que involucra a diversos actores: el gobierno, las universidades y los empleadores. Si bien los esfuerzos realizados son valiosos y significativos, aún es necesario avanzar para alcanzar un equilibrio sostenible entre la oferta y la demanda de profesionales en el mercado laboral. En cuanto al papel de las universidades como formadoras de profesionistas, es necesario proponer estrategias efectivas para mejorar la vinculación entre la educación superior y el mercado laboral. Lo anterior plantea, para un análisis futuro, la siguiente reflexión: Si el desajuste entre la formación profesional y la demanda laboral persiste, ¿qué consecuencias a largo plazo podría generar en términos de movilidad social, precarización del empleo y desarrollo económico?
Referencias
Contreras-Espinoza, I.J., y Kuri-Alonso, I. (2024). Inserción laboral de egresados universitarios durante la pandemia de COVID-19. Cuadernos de Investigación Educativa, 15(2).
https://doi.org/10.18861/cied.2024.15.2.3821
Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI] (2024). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Primer trimestre.
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/ENOE/ENOE2024_05.pdf
Observatorio laboral [OLA] (2024). Tendencias del empleo profesional. Primer trimestre 2024.
https://www.observatoriolaboral.gob.mx/static/estudios-publicaciones/Tendencias_empleo.html