Lucilda Pérez Salazar
Hace unos días el dirigente nacional del SNTE, Senador Alfonso Cepeda Salas se afilió a Morena. Esto no es cuestionable. Está en su derecho. Es una decisión individual y libre a la que todo mexicano y mexicana tiene derecho. Cada ciudadano es libre de afiliarse al partido de su preferencia, o bien a ninguno, como la mayoría de los mexicanos.

Lo que se cuestiona, es la determinación del dirigente del SNTE de involucrar a la estructura del sindicato en la tarea de afiliar a los agremiados a un partido político, en este caso a Morena, así sea éste el partido en el que milita el líder mencionado.
El Senador se comprometió a afiliar a 1,500,000 maestros, que con sus familias y amigos podrían llegar a la cifra de 5,500,000 personas afiliadas.
Esta tarea de “afiliación corporativa” a un partido político no le corresponde al SNTE, no figura en el Estatuto, ni en la Declaración de Principios, más bien los contradice, porque el SNTE está integrado por personas con una amplia pluralidad política, con criterios e ideologías diversas y con preferencias políticas distintas, que deben respetarse.
El SNTE siempre ha estado adherido corporativamente a los partidos y a los gobiernos en turno, por décadas al PRI, luego al PAN y ahora a Morena. Esta es una relación perversa que no es nueva.
Lo sorprendente ahora es que, sin recato alguno, utilice las estructuras seccionales y delegacionales para realizar la afiliación a Morena, a pesar de la resistencia y objeción de los maestros que harán este trabajo.
El SNTE debe ser un sindicato independiente del gobierno y de los partidos, porque de no ser así, se pierde la fuerza y la unidad de la organización, se cae en la subordinación al gobierno, que lejos de beneficiar a los agremiados los perjudica. Como ejemplo están los acuerdos del SNTE con el gobierno para imponer la Ley del ISSSTE, la Ley del ISSSTELEON, la Ley de la UMA, la Reforma Educativa de Peña Nieto, la USICAMM, los bajos salarios, etc.
El corporativismo ha sido y sigue siendo el lastre más terrible del sindicalismo mexicano.
Para rematar el desaguisado, el artículo 3 de la Ley General de Partidos Políticos prohíbe que las organizaciones sindicales intervengan en la afiliación de sus miembros a algún partido político.
Dejen en libertad a los maestros para que ellos decidan por propia voluntad, cuándo y porqué se afilien, o no, a un determinado partido.
¿Cómo quieren afiliar a los maestros, cuando la inminente reforma a la Ley del ISSSTE lesiona los ingresos de los agremiados al SNTE que ganan más de 34,394pesos mensuales, al ser calculadas las cuotas y aportaciones del seguro de salud sobre el salario integrado?
¿Este es “trato de privilegio” que busca el dirigente del SNTE?
¡No a la “afiliación corporativa” del SNTE a ningún partido político!